El último don del Espíritu Santo es el santo temor de Dios. Pero este
don no tiene nada que ver con el miedo. Porque en realidad, “en el amor
no hay lugar para el temor; al contrario, el amor perfecto elimina el
temor" (1 Juan 4,18).
El autor nos conduce en estos cinco minutos diarios para abrirnos al Espíritu de Dios y percibir la fuerza de su consuelo. Meditaciones, oraciones y reflexiones que nos ofrecen la posibilidad de recorrer, a lo largo del año, un profundo camino de crecimiento espiritual...
¡Ven Espíritu Santo!
Suscríbete
Donaciones
martes, 10 de noviembre de 2015
lunes, 9 de noviembre de 2015
10 de Noviembre
El don de la piedad perfecciona el amor
fraterno, y nos permite reconocer al prójimo como imagen de Dios. De esa
manera, cuando ayudamos a los demás no lo hacemos sólo por compasión,
porque nos duele su miseria y sus problemas. Los ayudamos porque
reconocemos la inmensa nobleza que ellos tienen. ¡Son imagen de Dios!
¡No puede ser que vivan mal, que estén sufriendo, que no tengan lo
necesario para vivir!
Pidamos al Espíritu Santo que derrame todavía más este don en nuestros corazones, para que podamos valorar de esta manera a los demás. Así, nadie será un enemigo, un competidor o una molestia. Todos nos parecerán realmente sagrados, porque contemplaremos en ellos la imagen santa de Dios. El Espíritu Santo derrama este don para que podamos vivir a fondo nuestra relación con los demás.
domingo, 8 de noviembre de 2015
09 de Noviembre
El don de la ciencia se distingue del
don de entendimiento. Porque el entendimiento tiene que ver con las
cosas celestiales, y el don de ciencia está más relacionado con las
cosas de este mundo. Significa que podemos mirar este mundo con ojos
espirituales, con una mirada transformada por el Espíritu Santo.
Entonces, podemos descubrir la belleza más perfecta que el Espíritu
Santo ha derramado en las cosas. De esa manera, no nos apegamos a cosas
de este mundo ni nos dejamos esclavizar por ellas, porque todas ellas
nos llevan a Dios.
Con este don, San Francisco de Asís podía alegrarse en cada criatura sin perder por ello su entrega total a Dios.
Tratemos de ejercitar este don, intentando contemplar este mundo con otra mirada, renunciando a la posesividad, a las obsesiones, y dejando que las criaturas nos hablen de Dios.
sábado, 7 de noviembre de 2015
08 de Noviembre
El cuarto don del Espíritu Santo es la
fortaleza; pero no se trata de la fortaleza normal, que nos permite
soportar las dificultades cotidianas. Este don nos permite ser capaces
de una fortaleza superior, que nos hace capaces de dar la vida por el
Señor, si esto fuera necesario. Es la fortaleza que nos hace sobrellevar
con constancia cosas que en situaciones normales nos parecerían
imposibles. Dejarse matar por Cristo parece algo imposible, porque
contradice al instinto de supervivencia, que nos lleva a escapar de los
peligros. Sin embargo, si Dios nos pidiera eso, seguro el Espíritu Santo
nos daría la fuerza para poder soportarlo, y entonces sería realmente
posible. Los mártires han podido entregar la sangre porque los sostenía
este don maravilloso del Espíritu. Pero este mismo don nos sostiene
cuando tenemos que soportar cosas especialmente difíciles, cuando no se
trata de dar la vida, pero sí de renunciar a alguna parte importante de
la vida. Sin esta fortaleza todo es demasiado duro; pero con esta
fortaleza cualquier cosa se puede enfrentar. Pidamos al Espíritu Santo
que nos revista con este don poderoso.
viernes, 6 de noviembre de 2015
07 de Noviembre
El tercer don del Espíritu Santo es el
consejo, que nos permite orientar a los demás y ayudarles a descubrir
cuál es la voluntad de Dios para sus vidas. No se refiere tanto a cosas
prácticas, sino a las cuestiones más grandes, que tienen que ver con el
sentido de la vida.
Esto nos muestra que el Espíritu Santo no se
derrama en nosotros sólo para hacer crecer nuestra intimidad, sino
también para el servicio de los demás. Porque nadie crece de verdad en
la vida espiritual si no se entrega con
generosidad a los hermanos. A la persona profundamente espiritual le
interesa mucho ayudar a los demás a crecer y a marchar por el buen
camino.
Pero tengamos
presente que este don del consejo no se refiere a cualquier consejo,
sino a las cosas más profundas de la vida. Es ante todo la capacidad de
motivar a los demás para ser fieles a Dios en el camino de su
existencia.
jueves, 5 de noviembre de 2015
06 de Noviembre
El segundo don del
Espíritu Santo es el entendimiento, que ilumina la inteligencia. Es la
capacidad de captar algo de las verdades más profundas de la fe, la
habilidad para entender el sentido más profundo de la Palabra de Dios.
Pero no es un don de los estudiosos, porque el Espíritu Santo puede
derramar este don de una manera preciosa en una persona que ni siquiera
sepa leer y que no haya recibido ninguna instrucción. Esa persona,
aunque no sepa explicar con claridad lo que sabe, puede poseer una gran
intuición espiritual que le permite entender las cosas más altas y más
sublimes de la fe cristiana.
Cuando uno trata de estudiar, de profundizar su fe, o de comprender la Biblia, tiene que invocar al Espíritu Santo para que derrame este don con mayor intensidad; porque nuestra mente, sin la luz del Espíritu Santo, nada puede comprender de los misterios de la fe.
Cuando uno trata de estudiar, de profundizar su fe, o de comprender la Biblia, tiene que invocar al Espíritu Santo para que derrame este don con mayor intensidad; porque nuestra mente, sin la luz del Espíritu Santo, nada puede comprender de los misterios de la fe.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
05 de Noviembre
El primer don del
Espíritu Santo es la sabiduría. Pero tenemos que aclarar que cuando la
Biblia habla de sabiduría, no quiere decir los conocimientos o la
instrucción intelectual. Los libros sapienciales nos hablan mucho de
esta sabiduría, que es sobre todo el arte de vivir, de saber conducirse
en la vida. Porque hay personas que saben muchas cosas pero les falta lo
más importante: no saben vivir.
Los grandes sabios cristianos han destacado que la mayor sabiduría tiene que ver con el amor, que nos hace saborear las cosas celestiales. Es un conocimiento gustoso, lleno de sabor espiritual.
Pidamos al Espíritu Santo que nos regale esa sabiduría que viene de lo alto.
Los grandes sabios cristianos han destacado que la mayor sabiduría tiene que ver con el amor, que nos hace saborear las cosas celestiales. Es un conocimiento gustoso, lleno de sabor espiritual.
Pidamos al Espíritu Santo que nos regale esa sabiduría que viene de lo alto.
martes, 3 de noviembre de 2015
04 de Noviembre
Los dones del Espíritu Santo están
tomados del texto de Isaías 11,2, donde habla del Mesías, y dice que
“reposará sobre él el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría y de
inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y
de temor de Yahveh”. Como en el versículo 3 se repite el temor, algunas
traducciones colocan “piedad”, y así tenemos los famosos siete dones.
Son los dones que han estado en plenitud en Jesús, porque él tenía “el Espíritu sin medida” (Juan 3,34). Y son los dones que el Espíritu Santo derrama también en cada uno de nosotros para impulsarnos a vivir de una manera diferente. Con estos dones, el Espíritu Santo nos sostiene y nos empuja para que podamos practicar con más agilidad las virtudes cristianas y para que lleguemos a la plenitud de la santidad.
Pidámosle al Espíritu Santo que desarrolle cada vez más esos dones en nuestra vida, de manera que podamos parecernos cada vez más a Jesús, para que se nos haga espontáneo actuar como Jesús actuaba. En los próximos días reflexionaremos sobre cada uno de estos dones.
Son los dones que han estado en plenitud en Jesús, porque él tenía “el Espíritu sin medida” (Juan 3,34). Y son los dones que el Espíritu Santo derrama también en cada uno de nosotros para impulsarnos a vivir de una manera diferente. Con estos dones, el Espíritu Santo nos sostiene y nos empuja para que podamos practicar con más agilidad las virtudes cristianas y para que lleguemos a la plenitud de la santidad.
Pidámosle al Espíritu Santo que desarrolle cada vez más esos dones en nuestra vida, de manera que podamos parecernos cada vez más a Jesús, para que se nos haga espontáneo actuar como Jesús actuaba. En los próximos días reflexionaremos sobre cada uno de estos dones.
03 de Noviembre
“Ven Espíritu Santo. Tu mirada luminosa todo lo penetra, con paciencia e inmensa compasión. Mis infidelidades no destruyen tu amor, que siempre vuelve a buscarme, para que mi vida espiritual pueda crecer feliz en tu presencia.
Quisiera que todas mis acciones te agraden, que mi vida ya no se aparte de tu santo proyecto para mí, que todo lo que haga refleje tu luz, tu alegría y tu amor.
Pero tú conoces mi debilidad. Por eso te ruego una vez más que me toques con tu poder divino. Sin tu auxilio nada puedo. Ven Espíritu Santo.
No dejes que me dominen las malas inclinaciones. Triunfa en mí, Espíritu Santo. Triunfa con la generosidad, con la alegría, con la pureza, con el perdón. Triunfa con la bondad, con la paz, con el servicio. Triunfa con la esperanza, el fervor, los buenos deseos.
Ven Espíritu Santo, para que no me vuelvan a arrastrar las viejas costumbres, para que no me dominen otra vez las malas inclinaciones, los rencores, la melancolía.
Ven Espíritu Santo, para que todo en mí sea luminoso.
Amén."
Quisiera que todas mis acciones te agraden, que mi vida ya no se aparte de tu santo proyecto para mí, que todo lo que haga refleje tu luz, tu alegría y tu amor.
Pero tú conoces mi debilidad. Por eso te ruego una vez más que me toques con tu poder divino. Sin tu auxilio nada puedo. Ven Espíritu Santo.
No dejes que me dominen las malas inclinaciones. Triunfa en mí, Espíritu Santo. Triunfa con la generosidad, con la alegría, con la pureza, con el perdón. Triunfa con la bondad, con la paz, con el servicio. Triunfa con la esperanza, el fervor, los buenos deseos.
Ven Espíritu Santo, para que no me vuelvan a arrastrar las viejas costumbres, para que no me dominen otra vez las malas inclinaciones, los rencores, la melancolía.
Ven Espíritu Santo, para que todo en mí sea luminoso.
Amén."
domingo, 1 de noviembre de 2015
02 de Noviembre
“Gloria a ti, Espíritu Santo, mi Dios
infinito y bello. Señor deslumbrante, vestido de inmensa luz. Esta
pequeña criatura quiere adorarte y reconocer tu grandeza.
Me postro ante ti Señor, y te pido que toques mi corazón, que abras mis labios y me regales el don de saber adorarte.
No permitas, Dios mío, que me encierre en mis preocupaciones y penas, no dejes que mi boca se llene sólo de lamentos. Ayúdame a salir de mí mismo para alabarte a ti, que eres digno de toda alabanza, mi Dios y mi Señor amado.
Santo eres, bendito seas, alabado y glorificado seas por tu hermosura, por tu fuerza, por tu bondad, por tu inmensa paz. A ti sea la gloria por siempre.
Señor, quiero entregarme a la vida, porque también hoy estaremos juntos. Estarás conmigo, Espíritu Santo, y con tu amistad yo puedo enfrentar todo lo que suceda. Podré ver en todo lo que me suceda una oportunidad, un sueño, un desafío.
Escucho tu invitación a la vida, y quiero decirte que sí, Espíritu Santo. Aunque he vivido muchos días grises, llenos de fracaso, hoy quiero intentarlo una vez más, para que todo lo que me suceda pueda ser transformado por tu amistad.
Ven Espíritu Santo.
Amén.”
Me postro ante ti Señor, y te pido que toques mi corazón, que abras mis labios y me regales el don de saber adorarte.
No permitas, Dios mío, que me encierre en mis preocupaciones y penas, no dejes que mi boca se llene sólo de lamentos. Ayúdame a salir de mí mismo para alabarte a ti, que eres digno de toda alabanza, mi Dios y mi Señor amado.
Santo eres, bendito seas, alabado y glorificado seas por tu hermosura, por tu fuerza, por tu bondad, por tu inmensa paz. A ti sea la gloria por siempre.
Señor, quiero entregarme a la vida, porque también hoy estaremos juntos. Estarás conmigo, Espíritu Santo, y con tu amistad yo puedo enfrentar todo lo que suceda. Podré ver en todo lo que me suceda una oportunidad, un sueño, un desafío.
Escucho tu invitación a la vida, y quiero decirte que sí, Espíritu Santo. Aunque he vivido muchos días grises, llenos de fracaso, hoy quiero intentarlo una vez más, para que todo lo que me suceda pueda ser transformado por tu amistad.
Ven Espíritu Santo.
Amén.”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)