No hace falta que te digan que estamos en una época difícil, que hoy no es fácil vivir, que muchas veces nos ataca el desaliento, que nos cuesta querernos, comunicarnos y ayudarnos, que cada uno piensa demasiado en sí mismo, que no reconocemos fácilmente el amor de Dios en nuestra propia vida.
Además, hay viejos rencores y heridas que nos cuesta sanar, frecuentemente nos sentimos insatisfechos, y otras veces no sabemos para qué trabajamos, para qué nos estamos esforzando, para qué vivimos en realidad. O quizás en el fondo nos sentimos solos, con una oculta tristeza. Nadie puede negar que algunas de estas cosas anidan en su corazón.
A veces nos va mal, la vida nos golpea duro, pero lo peor que nos puede pasar es si, además, perdemos la esperanza, la fe, la unidad con los seres queridos, las ganas de luchar. Para solucionar este profundo problema, para vivir con ganas y con fortaleza, hay algo que necesitamos, algo que nos falta.
En definitiva, nos falta espíritu. A nuestras existencias les falta el fuego, la luz, la vitalidad, la fortaleza, el empuje, la paz del Espíritu Santo. Y en el fondo, todo tu ser está sediento de él, de su presencia, de su río de vida. Por eso, recibamos una buena noticia: "El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad" (Romanos 8,26).
Él viene. Cuando lo invoques él se acerca a tu vida, para ofrecerte agua viva, paz, consuelo, esperanza. Él viene, siempre viene.
El autor nos conduce en estos cinco minutos diarios para abrirnos al Espíritu de Dios y percibir la fuerza de su consuelo. Meditaciones, oraciones y reflexiones que nos ofrecen la posibilidad de recorrer, a lo largo del año, un profundo camino de crecimiento espiritual...
¡Ven Espíritu Santo!
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martes, 10 de enero de 2017
lunes, 9 de enero de 2017
09 de Enero
A veces estamos disfrutando de algo bello, pero sin darnos cuenta aparece en el corazón un temor difuso que empaña la alegría. ¿Temor a perder lo que tenemos? ¿Temor de arruinarlo todo? ¿Temor a que algo se acabe? ¿0 será simplemente que experimentamos el sabor amargo de nuestros límites, el recuerdo escondido de que todo se termina, de que va llegando el desgaste, la vejez, la enfermedad?
Sólo el Espíritu Santo tiene poder para liberarnos de esas oscuridades del alma. Son las cosas que no nos dejan libres para disfrutar de la existencia, para amar con alegría, para trabajar con entusiasmo.
Hay una tristeza sutil que es contraria al Espíritu Santo. Por eso dice la carta a los Efesios: "No entristezcan al Espíritu Santo" (Efesios 4,30). El antiguo escrito del Pastor de Hermas también advertía que la tristeza expulsa al Espíritu Santo. De manera que cuando nos encerramos en nuestras maquinaciones mentales, y fomentamos los recuerdos negativos, cuando rumiamos las faltas de amor de los demás, o lo que la vida no nos está dando, entonces comenzamos a ocupar con todo eso el espacio que debería llenar el Espíritu Santo. De ese modo lo vamos expulsando de nuestra vida.
Sólo el Espíritu Santo tiene poder para liberarnos de esas oscuridades del alma. Son las cosas que no nos dejan libres para disfrutar de la existencia, para amar con alegría, para trabajar con entusiasmo.
Hay una tristeza sutil que es contraria al Espíritu Santo. Por eso dice la carta a los Efesios: "No entristezcan al Espíritu Santo" (Efesios 4,30). El antiguo escrito del Pastor de Hermas también advertía que la tristeza expulsa al Espíritu Santo. De manera que cuando nos encerramos en nuestras maquinaciones mentales, y fomentamos los recuerdos negativos, cuando rumiamos las faltas de amor de los demás, o lo que la vida no nos está dando, entonces comenzamos a ocupar con todo eso el espacio que debería llenar el Espíritu Santo. De ese modo lo vamos expulsando de nuestra vida.
domingo, 8 de enero de 2017
08 de Enero
"Ven Espíritu Santo, entra en mi mente, en esa locura de mis pensamientos que me perturban. Pacifica este interior inquieto. Ayúdame a dominar y serenar mis pensamientos para que reine en mí tu paz.
Ven Espíritu Santo a dominar mi mente con tu santísima calma. Armoniza ese mundo de mi mente y llévate lejos todo pensamiento que provoque angustias o nerviosismos, tristezas o inquietudes inútiles.
Ven Espíritu Santo, toma esas imágenes alocadas que dan vueltas dentro de mí, para que pueda reflexionar serenamente, orar bien, y avanzar sin preocupaciones que no valen la pena.
Ven Espíritu Santo, y lléname de pensamientos bellos, que me ayuden a vivir.
Amén."
Ven Espíritu Santo a dominar mi mente con tu santísima calma. Armoniza ese mundo de mi mente y llévate lejos todo pensamiento que provoque angustias o nerviosismos, tristezas o inquietudes inútiles.
Ven Espíritu Santo, toma esas imágenes alocadas que dan vueltas dentro de mí, para que pueda reflexionar serenamente, orar bien, y avanzar sin preocupaciones que no valen la pena.
Ven Espíritu Santo, y lléname de pensamientos bellos, que me ayuden a vivir.
Amén."
sábado, 7 de enero de 2017
07 de Enero
Repitamos esta oración varias veces, lentamente, hasta que sintamos cómo el Espíritu Santo toca con su amor nuestro interior:
"¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
el más profundo centro
de mi alma,
tú que no eres esquiva
acaba ya si quieres,
rompe la tela
de este dulce encuentro!"
San Juan de la Cruz
viernes, 6 de enero de 2017
06 de Enero
En
esta solemnidad de la Epifanía del Señor celebramos que Jesús se ha
manifestado a nuestras vidas, que hemos podido conocerlo. Celebramos que
Jesús quiere hacerse conocer por todos los seres humanos para llenarlos
de su luz.
Pero toda la hermosura de Jesús es obra del Espíritu Santo. Por eso, no podemos conocer a Jesús y admirarlo si no nos dejamos iluminar y transformar por el Espíritu Santo.
El Espíritu llenó el corazón humano de Jesús desde su concepción, y conoce todos los secretos del corazón del Señor.
Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a conocer profundamente a Jesús para amarlo con todo nuestro ser. Roguémosle también que nos haga cada vez más parecidos a Jesús en nuestra forma de vivir y de actuar.
Pero toda la hermosura de Jesús es obra del Espíritu Santo. Por eso, no podemos conocer a Jesús y admirarlo si no nos dejamos iluminar y transformar por el Espíritu Santo.
El Espíritu llenó el corazón humano de Jesús desde su concepción, y conoce todos los secretos del corazón del Señor.
Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a conocer profundamente a Jesús para amarlo con todo nuestro ser. Roguémosle también que nos haga cada vez más parecidos a Jesús en nuestra forma de vivir y de actuar.
jueves, 5 de enero de 2017
05 de Enero
El
Espíritu Santo es el que puede transformar nuestros corazones con su
soplo, con su fuego, con su poder y su luz. Con su fuerza podemos
cambiar poco a poco nuestras actitudes llegando a ser personas
renovadas. Siempre es posible cambiar con el auxilio del Espíritu. Si no
cambiamos no es porque él no puede, sino porque nos respeta
delicadamente. No nos obliga ni nos invade. No actúa allí donde nosotros
no se lo permitimos. Respeta nuestras decisiones, y también nuestra
debilidad.
Pero si dejamos que el Espíritu Santo actúe en nosotros, si lo invocamos, si le permitimos que él nos impulse, entonces la vida se llena de actos de amor a Dios y a los hermanos, y así nos convertimos en seres "espirituales", es decir, conducidos por la fuerza del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos va renovando, y así ya no nos amargamos el corazón con rencores, celos, envidias. Ya no estamos inmovilizados por la indiferencia y el egoísmo, y ya no somos esclavos de los vicios y los malos apegos. Al contrario, nos llenamos de esperanza, de fortaleza, de alegría en medio de las dificultades, y nos sentimos verdaderamente libres, "nuevas criaturas" (1 Corintios 5,17).
La Biblia nos habla bellamente de los frutos que produce el Espíritu cuando lo dejamos actuar, y los resume en siete: "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de uno mismo" (Gálatas 5,22-23). No le pongamos obstáculos, para que él pueda producir esos frutos en nuestra vida.
Pero si dejamos que el Espíritu Santo actúe en nosotros, si lo invocamos, si le permitimos que él nos impulse, entonces la vida se llena de actos de amor a Dios y a los hermanos, y así nos convertimos en seres "espirituales", es decir, conducidos por la fuerza del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos va renovando, y así ya no nos amargamos el corazón con rencores, celos, envidias. Ya no estamos inmovilizados por la indiferencia y el egoísmo, y ya no somos esclavos de los vicios y los malos apegos. Al contrario, nos llenamos de esperanza, de fortaleza, de alegría en medio de las dificultades, y nos sentimos verdaderamente libres, "nuevas criaturas" (1 Corintios 5,17).
La Biblia nos habla bellamente de los frutos que produce el Espíritu cuando lo dejamos actuar, y los resume en siete: "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de uno mismo" (Gálatas 5,22-23). No le pongamos obstáculos, para que él pueda producir esos frutos en nuestra vida.
miércoles, 4 de enero de 2017
04 de Enero
El Espíritu Santo quiere regalarnos un mundo mejor. Pero más bien parece que nos hemos olvidado de buscarlo, que nuestro corazón cerrado no le deja espacio, que no nos decidimos a ponernos de rodillas e invocarlo con fe, con ansias. Él ya ha tomado la iniciativa de buscarnos. Ahora es necesario que le permitamos actuar. Te propongo que le abras el corazón y le digas con ternura:
"Ven Espíritu Santo,
ven padre de los pobres,
ven viento divino, ven.
Ven como lluvia deseada,
a regar lo que está seco en nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil,
a sanar lo que está enfermo, ven.
Ven a romper mis cadenas,
ven a iluminar mis tinieblas, ven.
Ven porque te necesito,
porque todo mi ser te reclama.
Espíritu Santo,
dulce huésped del alma, ven, ven Señor".
"Ven Espíritu Santo,
ven padre de los pobres,
ven viento divino, ven.
Ven como lluvia deseada,
a regar lo que está seco en nuestras vidas, ven.
Ven a fortalecer lo que está débil,
a sanar lo que está enfermo, ven.
Ven a romper mis cadenas,
ven a iluminar mis tinieblas, ven.
Ven porque te necesito,
porque todo mi ser te reclama.
Espíritu Santo,
dulce huésped del alma, ven, ven Señor".
martes, 3 de enero de 2017
03 de Enero
En la Palabra de Dios, el Espíritu Santo
se nos presenta como un fuerte ruido, que resuena potente, que
sorprende, que admira: "Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos
reunidos en un mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, como si
fuera una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se
encontraban" (Hechos 2,1-2). ¿Por qué ese ruido estremecedor, por qué
ese viento atronador, ese inesperado trueno que descoloca a quienes lo
escuchan?
Porque el Espíritu Santo es como un
grito de amor que vuelve a despertar a los que están adormecidos,
desganados, melancólicos. A esos que han perdido el entusiasmo en la
vida y son como una vela que se apaga, el Espíritu Santo en algún
momento les resuena en el corazón y les grita: "¡Despierten, salgan,
vivan!".
Cuando parece que ya no podemos escuchar
nada interesante, nada que nos anime, nada que nos estimule, el
Espíritu Santo aparece como un grito en el alma: "¡No te sientas solo,
aquí estoy, vamos!".
Por eso San Agustín, después de su conversión, decía: "Señor, has gritado, y has vencido mi sordera".
Pidamos al Espíritu Santo que nos
despierte y nos devuelva las ganas de caminar, de avanzar, de luchar;
que nos regale el santo entusiasmo de los que se dejan llevar por él.
lunes, 2 de enero de 2017
02 de Enero
Al Espíritu Santo se lo suele
representar con una llama de fuego. De hecho, el día de Pentecostés
descendió sobre los Apóstoles de esa manera: "Entonces vieron
aparecer unas lenguas de fuego, que descendieron por separado sobre cada
uno de ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2,3-4).
¿Por qué el fuego?
Porque cuando el Espíritu Santo se hace presente de una manera especial, las personas no quedan igual. Se produce un cambio. Nadie puede quedar indiferente si aparece una llama de fuego en su cabeza, si allí donde hacía frío y oscuridad repentinamente hay calor y luz. Todo cambia.
El Espíritu Santo nos permite ver las cosas de otra manera, y nos ilumina el camino para que no tengamos miedo. Él derrama calor, para que no nos quedemos acurrucados, apretando las manos y refugiándonos en un lugar cerrado. Por eso su presencia nos llena de confianza y de empuje.
Entonces, es bueno invocar al Espíritu Santo para que inunde de color y de vida nuestra existencia:
"Ven fuego santo, luz celestial, porque a veces me dominan las tinieblas y tengo frío por dentro. Ven, Espíritu, porque todo mi ser te necesita, porque solo no puedo, porque a veces se apaga mi esperanza.
Ven, Espíritu de amor, ven".
domingo, 1 de enero de 2017
01 de Enero
En esta página encontrarás cada día
alguna meditación o una oración dedicada al Espíritu Santo. Te propongo
que, después de leer, te quedes unos minutos en la presencia del Señor
para que él trabaje en tu interior. Así, día tras día, podrás intentar
abrirle el corazón al "dulce huésped del alma".
Si cada día tratas de darle un lugar en
tu vida, darás tu pequeña colaboración al Espíritu Santo para que tu
vida se vaya transformando. Así, en tus oscuridades entrará la luz, en
tu frío se encenderá un poco más el fuego, y renacerá la alegría.
Te sugiero que hagas ahora mismo un
breve momento de oración para ofrecerle al Espíritu Santo este año que
comienza, de manera que cada día de este año esté iluminado por su
presencia santa.
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