Juan el Bautista anunciaba que el Mesías iba a bautizar "en el Espíritu Santo y en el fuego",
purificando todo lo que no sirve (Lucas 3,16-17). El Bautismo que trae
el Mesías será una verdadera purificación, porque derrama el Espíritu
Santo como fuego.
El Mesías cumple aquel anuncio del profeta Ezequiel: "Los
purificaré de toda inmundicia y de toda basura, y les daré un corazón
nuevo... Infundiré mi Espíritu en ustedes y haré que caminen según mis
preceptos" (Ezequiel 36,25-27). Esto significa que la manifestación
del poder del Mesías se realiza sobre todo en los corazones. Y esa obra
interior del Mesías hace que los hombres puedan cumplir de verdad la
voluntad de Dios. Porque una predicación atractiva no es suficiente; es
necesaria la acción secreta de la gracia de Dios en el interior de la
persona.
Pensemos un momento de qué quisiéramos ser purificados, y pidámoslo al Espíritu Santo, que es fuego purificador.
El autor nos conduce en estos cinco minutos diarios para abrirnos al Espíritu de Dios y percibir la fuerza de su consuelo. Meditaciones, oraciones y reflexiones que nos ofrecen la posibilidad de recorrer, a lo largo del año, un profundo camino de crecimiento espiritual...
¡Ven Espíritu Santo!
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sábado, 10 de junio de 2017
viernes, 9 de junio de 2017
09 de Junio
"Espíritu
Santo, tú eres alegría que desborda, que se derrama luminosa en cada
criatura. El mundo entero es un canto de gozo que surge como cascadas de
vida de tu exceso de amor. Toca mi interior con tu gracia, Espíritu
Santo, para que pueda tomar parte en esa felicidad.
Muéstrame la belleza y la bondad de las cosas pequeñas.
Te
doy gracias, Espíritu de vida, por el agua, la luz, los colores, las
sensaciones de la piel, la voz de mis amigos, las manos, el cielo, la
sangre que corre intensamente y me mantiene vivo. Enséñame a buscar
siempre algo más en la vida.
Porque
mientras hay vida hay esperanza. Todos los días nacen niños, todos los
días puede aparecer un santo, un sabio, un héroe, y el amor nos
sorprende en cualquier esquina.
Despierta
en mi interior, Señor amado, un intenso amor a ti, para que te busque
con el corazón ardiente, para que me goce en tu amistad, y repose en tu
presencia cada noche con una sonrisa en los labios. Muéstrame las
maravillas de tu amor, Espíritu Santo, para que seas mi lugar de
delicias, mi tesoro, mi banquete feliz. Me regocijo en ti, infinito y
glorioso.
Ayúdame
a probar la alegría de Jesús resucitado. Dame la potencia de tu gracia
para que todo mi ser sea un testimonio de tu gozo.
Amén."
jueves, 8 de junio de 2017
08 de Junio
El Espíritu Santo no permite que vivamos
una fe individualista, porque él nos inserta en un cuerpo místico, el
cuerpo de Cristo que es la Iglesia, y nos regala dones para edificar ese
cuerpo maravilloso donde todos somos importantes y donde nos
necesitamos unos a otros (1 Corintios 12).
Mientras
los criterios de este mundo nos invitan a pensar en nosotros mismos, a
acomodarnos lo mejor posible, a desentendernos de los demás, a consumir,
a comprar, a no participar, el Espíritu Santo quiere impulsarnos
siempre a la unidad.
Su
impulso divino busca que todas las cosas y todas las personas se vayan
armonizando en una maravillosa unidad. Él es Amor que une personas. Por
eso, en este año somos llamados a integrarnos un poco más en la Iglesia,
a quererla más, a buscar nuevas maneras de sentirnos parte de ella.
Ya
sabemos que eso no significa que tengamos que ser iguales en todo. El
Espíritu Santo siembra dones diferentes por todas partes y como él
quiere. Por eso, donde él actúa hay variedad, riqueza, novedad. Pero
esos diferentes carismas que él derrama no nos enfrentan ni nos dividen,
sino que se complementan, se armonizan, se enriquecen unos a otros, y
nos llevan a valorarnos, a reconocernos, a estimularnos entre nosotros.
Seria
bueno que frecuentemente pidiéramos la luz del Espíritu Santo para
poder descubrir los carismas, las capacidades que él ha sembrado en cada
uno de nosotros, para enriquecer a la Iglesia y al mundo con esos
dones. Así podemos experimentar el gozo de ser fecundos, de regalarle
algo más bello a este mundo, de hacer feliz a otro, de ayudarlo a
crecer.
¿Qué te dio el Espíritu Santo para que ayudes a los demás a ser más buenos y más felices?
miércoles, 7 de junio de 2017
07 de Junio
La Biblia dice: "Da y recibe" (Sirácides
14,16). El amor verdadero no es sólo dar, no es sólo hacer cosas por
los demás. Es también recibir de los demás y aprender de ellos con
humildad.
No basta derramarme en el otro, hacerme fecundo en él. También tengo que disponerme a recibir algo de él, a reconocer el inmenso valor del hermano.
Cuando el apóstol San Pablo habla del cuerpo místico y de la importancia de los dones de todos, allí la actitud negativa que se describe no es la de no querer dar, sino precisamente la de no querer recibir de los demás, la de no saber gozarse en el don del hermano: "No puede el ojo decir a la mano: 'No te necesito'... Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte de su gozo." (1 Corintios 12,21.26).
La capacidad de beber del cántaro del hermano es fuente de un gozo especialísimo. ¿Acaso puede haber verdadero amor en una pareja si uno de los dos se encierra en sus esquemas, si se siente salvado en sus seguridades, y ya no es capaz de aprender del otro? ¿Ama de verdad alguien que ya no es capaz de admirarse del otro, o de escucharlo con interés, o que siente que ya no lo necesita?
El amor que derrama el Espíritu es una capacidad de dar y también de recibir, porque nos hace reconocer que no somos dioses y que necesitamos de los demás.
No basta derramarme en el otro, hacerme fecundo en él. También tengo que disponerme a recibir algo de él, a reconocer el inmenso valor del hermano.
Cuando el apóstol San Pablo habla del cuerpo místico y de la importancia de los dones de todos, allí la actitud negativa que se describe no es la de no querer dar, sino precisamente la de no querer recibir de los demás, la de no saber gozarse en el don del hermano: "No puede el ojo decir a la mano: 'No te necesito'... Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte de su gozo." (1 Corintios 12,21.26).
La capacidad de beber del cántaro del hermano es fuente de un gozo especialísimo. ¿Acaso puede haber verdadero amor en una pareja si uno de los dos se encierra en sus esquemas, si se siente salvado en sus seguridades, y ya no es capaz de aprender del otro? ¿Ama de verdad alguien que ya no es capaz de admirarse del otro, o de escucharlo con interés, o que siente que ya no lo necesita?
El amor que derrama el Espíritu es una capacidad de dar y también de recibir, porque nos hace reconocer que no somos dioses y que necesitamos de los demás.
martes, 6 de junio de 2017
06 de Junio
¿Qué es lo que no me gusta de mi ser?
¿Qué parte de mi vida siento que está desorientada o desubicada? ¿Qué es
lo que trato de ocultar a los ojos de los demás? ¿Qué es lo que me
cuesta reconocer de mi propio ser, eso que ni siquiera me gusta
recordar?
El primer paso es invocar al Espíritu Santo para poder verlo, y tratar de reconocerlo, mirarlo de frente. Luego, poco a poco, aceptarlo como parte de tu vida y conversar con el Espíritu Santo sobre eso. Si conversando con él realmente puedes decirle que quisieras liberarte de eso, entonces ya has comenzado el camino de liberación. Sólo es necesario que sigas pidiéndoselo cada día y que comiences a intentar dar pequeños pasos para cambiar.
Se trata de ejercitar lo que seria la virtud opuesta a eso que te desagrada. No te desanimes si vuelves a caer, si por cada paso hacia adelante das uno para atrás. Eso sucederá hasta que te convenzas de que es mejor vivir de una nueva manera y estés cómodo con esa nueva vida. Para motivarte a dar esos pasos, es bueno que te preguntes con sinceridad: ¿Qué es lo que quiero hacer crecer en mi? ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Qué estilo de vida quiero alcanzar?
Pero también es indispensable que le pidas luz al Espíritu Santo, para que él te ayude a reconocer lo que debes ser. Nadie sabe mejor que él lo que cada uno de nosotros tiene que llegar a ser, esa identidad única, irrepetible, que nadie puede copiar. Por eso, es muy sano detenerse a pedirle a él la luz para ver quién es uno en realidad y quién debe llegar a ser:
"A ti levanto mi alma, Dios mío.
En ti confío. Que no sea confundido...
Muéstrame tus caminos, Señor,
enséñame tus sendas.
Guíame en tu verdad, enséñame,
que tú eres el Dios de mi salvación."
El primer paso es invocar al Espíritu Santo para poder verlo, y tratar de reconocerlo, mirarlo de frente. Luego, poco a poco, aceptarlo como parte de tu vida y conversar con el Espíritu Santo sobre eso. Si conversando con él realmente puedes decirle que quisieras liberarte de eso, entonces ya has comenzado el camino de liberación. Sólo es necesario que sigas pidiéndoselo cada día y que comiences a intentar dar pequeños pasos para cambiar.
Se trata de ejercitar lo que seria la virtud opuesta a eso que te desagrada. No te desanimes si vuelves a caer, si por cada paso hacia adelante das uno para atrás. Eso sucederá hasta que te convenzas de que es mejor vivir de una nueva manera y estés cómodo con esa nueva vida. Para motivarte a dar esos pasos, es bueno que te preguntes con sinceridad: ¿Qué es lo que quiero hacer crecer en mi? ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Qué estilo de vida quiero alcanzar?
Pero también es indispensable que le pidas luz al Espíritu Santo, para que él te ayude a reconocer lo que debes ser. Nadie sabe mejor que él lo que cada uno de nosotros tiene que llegar a ser, esa identidad única, irrepetible, que nadie puede copiar. Por eso, es muy sano detenerse a pedirle a él la luz para ver quién es uno en realidad y quién debe llegar a ser:
"A ti levanto mi alma, Dios mío.
En ti confío. Que no sea confundido...
Muéstrame tus caminos, Señor,
enséñame tus sendas.
Guíame en tu verdad, enséñame,
que tú eres el Dios de mi salvación."
Salmo 25,1-2.4-5
lunes, 5 de junio de 2017
05 de Junio
Jesús fue bautizado, y el Espíritu Santo
descendió sobre él como una paloma (Lucas 3,21-22). Pero no fue
bautizado porque necesitaba la gracia divina, ya que Jesús siempre tuvo
una santidad perfecta.
El Espíritu que desciende sobre él no está significando que Jesús no poseía el Espíritu antes del bautismo, sino que Jesús lo recibe de un modo nuevo, en orden a la misión que tiene que comenzar. El Espíritu que Jesús ya poseía, ahora se manifiesta capacitándolo para salir a predicar y hacer presente el Reino de Dios.
En ese sentido se entienden las distintas "venidas del Espíritu" en la Escritura. Cuando los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos 2,1-11), eso no significa que antes no lo tuvieran, sino que lo recibían para salir a evangelizar al mundo, capacitándolos para cumplir una misión. Lo mismo vale para el bautismo de Jesús, que desde su concepción ya estaba lleno del Espíritu Santo.
Efectivamente, habiendo recibido una vez más el Espíritu Santo, y luego de cuarenta días de preparación en el desierto Jesús se dirige a Galilea a proclamar la buena noticia, porque "se ha cumplido el plazo" (Marcos 1,15). Así, en este relato del bautismo de Jesús aparece el cumplimiento de Isaías 1,11; 64,1.
Podríamos preguntarnos si cada vez que tenemos que comenzar una nueva misión, o una tarea delicada, nos detenemos con fe a invocar el auxilio del Espíritu Santo. Porque cada vez que recibimos una nueva misión o comenzamos algo nuevo en la vida, necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para poder hacerlo bien.
El Espíritu que desciende sobre él no está significando que Jesús no poseía el Espíritu antes del bautismo, sino que Jesús lo recibe de un modo nuevo, en orden a la misión que tiene que comenzar. El Espíritu que Jesús ya poseía, ahora se manifiesta capacitándolo para salir a predicar y hacer presente el Reino de Dios.
En ese sentido se entienden las distintas "venidas del Espíritu" en la Escritura. Cuando los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos 2,1-11), eso no significa que antes no lo tuvieran, sino que lo recibían para salir a evangelizar al mundo, capacitándolos para cumplir una misión. Lo mismo vale para el bautismo de Jesús, que desde su concepción ya estaba lleno del Espíritu Santo.
Efectivamente, habiendo recibido una vez más el Espíritu Santo, y luego de cuarenta días de preparación en el desierto Jesús se dirige a Galilea a proclamar la buena noticia, porque "se ha cumplido el plazo" (Marcos 1,15). Así, en este relato del bautismo de Jesús aparece el cumplimiento de Isaías 1,11; 64,1.
Podríamos preguntarnos si cada vez que tenemos que comenzar una nueva misión, o una tarea delicada, nos detenemos con fe a invocar el auxilio del Espíritu Santo. Porque cada vez que recibimos una nueva misión o comenzamos algo nuevo en la vida, necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para poder hacerlo bien.
domingo, 4 de junio de 2017
04 de Junio
El himno Veni Creator Spiritus invoca la presencia del Espíritu Santo.
Se reza o canta en latín desde hace doce siglos de manera solemne,
especialmente en la celebración litúrgica de la fiesta de Pentecostés,
así como al principio del cónclave cuando los cardenales eligen al nuevo
papa, durante la consagración de obispos, la ordenación de presbíteros,
la confirmación, la dedicación de templos y la celebración de sínodos y
concilios. Te invito a que la hagas en esta fiesta de Pentecostés.
"Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén."
¡FELIZ Y BENDECIDO PENTECOSTES!
"Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén."
¡FELIZ Y BENDECIDO PENTECOSTES!
sábado, 3 de junio de 2017
03 de Junio
Con el Espíritu Santo se derraman en
nosotros sus dones más preciosos, que nos hacen más dóciles para seguir
sus impulsos, para ser menos esclavos de lo que nos hace daño y dejarnos
impulsar hacia las cosas buenas y bellas. Los siete dones son:
sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de
Dios (Isaías 11,1-2).
Si ya has recibido la Confirmación, sería bueno que renovaras la gracia de este Sacramento. Y si no lo has recibido, sería hermoso que lo pensaras.
El rito es muy simple. Consiste en una unción con aceite perfumado (Crisma) que hace el Obispo en la frente, diciendo las siguientes palabras: "Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo". Esta unción imprime como un sello permanente en el interior de la persona, y por eso sólo se recibe una vez. Pero una vez recibido, podemos invocar al Espíritu Santo, pedir perdón por nuestros pecados, alimentarnos con la lectura de la Biblia y con la Eucaristía, para que esa gracia de la Confirmación reviva y crezca cada día más, para que el Espíritu Santo pueda reformar plenamente nuestras vidas.
Si ya has recibido la Confirmación, sería bueno que renovaras la gracia de este Sacramento. Y si no lo has recibido, sería hermoso que lo pensaras.
El rito es muy simple. Consiste en una unción con aceite perfumado (Crisma) que hace el Obispo en la frente, diciendo las siguientes palabras: "Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo". Esta unción imprime como un sello permanente en el interior de la persona, y por eso sólo se recibe una vez. Pero una vez recibido, podemos invocar al Espíritu Santo, pedir perdón por nuestros pecados, alimentarnos con la lectura de la Biblia y con la Eucaristía, para que esa gracia de la Confirmación reviva y crezca cada día más, para que el Espíritu Santo pueda reformar plenamente nuestras vidas.
viernes, 2 de junio de 2017
02 de Junio
"Espíritu
Santo, una vez más te pido la gracia de liberarme, Señor. Derrama en mi
un profundo deseo de perdonar, de vivir en paz con todos y de
comprender profundamente las agresiones y desprecios de algunas
personas. Ayúdame a descubrir sus sufrimientos y debilidades más hondas
para poder mirarlos con ternura y no juzgarlos por lo que me han hecho.
Limpia mi interior, Espíritu Santo, de todo resto de resentimiento y de
malos recuerdos. Mi seguridad está en tu amor y en tu fuerza que me
abraza. No permitas que me debilite con faltas de perdón.
Arranca
de mi interior todo deseo de hacerles daño y de pagarles con la misma
moneda. Es posible reaccionar con el perdón y elevarse por encima de los
resentimientos.
Elévame, Espíritu Santo, para que yo no necesite hacerlos sufrir de alguna manera para sentirme bien.
Derrama en mi interior tu compasión, para que pueda recordarlos sin rencor y sin angustia.
Son
hijos de Dios, Jesús los salvó con su sangre, son mis hermanos, están
llamados a la vida eterna, y tú, Espíritu Santo, vives en ellos. Dame la
gracia de perdonarlos sinceramente.
Libérame, Espíritu Santo, para que pueda respirar feliz y caminar por la vida sin ataduras interiores.
Amén."
jueves, 1 de junio de 2017
01 de Junio
Cuando algún problema te agobia, tienes
que detenerte a contárselo al Espíritu Santo. Nadie te pide que
enfrentes tus dificultades solo. Lo tienes a él. Pero no le cuentes sólo
lo que te sucede, sino lo que sientes en tu interior a causa de ese
problema. Porque a veces lo peor no son las cosas que nos pasan, sino lo
que nos hacen sentir por dentro. Si has discutido con un hijo o con un
amigo, quizás no sufras tanto por la discusión, sino porque esa
discusión te hace sentir que todos te abandonan, que nadie es fiel, o
que eres desagradable y por eso nadie te ama. Quizás eso despierte tu
temor a quedar solo y abandonado.
Las cosas que nos pasan despiertan todos nuestros monstruos interiores.
Por eso, es necesario que le cuentes todo al Espíritu Santo, todo eso que da vueltas en tu interior. Porque él puede ayudarte a resolver tu problema, pero sobre todo puede curarte interiormente, para que no te sientas tan débil, para que no te sientas tan solo, para que puedas sacar lo mejor de tu ser y salgas adelante.
Es mejor que derrames todo en su presencia sin ocultarle nada, y que dejes que él te consuele. Porque el Espíritu Santo es el verdadero "Consolador".
Las cosas que nos pasan despiertan todos nuestros monstruos interiores.
Por eso, es necesario que le cuentes todo al Espíritu Santo, todo eso que da vueltas en tu interior. Porque él puede ayudarte a resolver tu problema, pero sobre todo puede curarte interiormente, para que no te sientas tan débil, para que no te sientas tan solo, para que puedas sacar lo mejor de tu ser y salgas adelante.
Es mejor que derrames todo en su presencia sin ocultarle nada, y que dejes que él te consuele. Porque el Espíritu Santo es el verdadero "Consolador".
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