Ven Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo

sábado, 21 de octubre de 2017

21 de Octubre

La libertad que nos da el Espíritu Santo nos permite aceptar que la felicidad se realice de maneras muy diversas. El Espíritu nos hace descubrir que no hay una sola manera de ser felices, sino muchas.

Nosotros nos apegamos a una forma de ser felices, porque creemos que es la única. Hemos imaginado que sólo se puede ser felices cuando no tenemos ningún problema, ninguna enfermedad, ningún desafío. Pero eso es un engaño más que nos ata y nos limita.

Es necesario entregarse al Espíritu Santo y aceptar que él nos regale la felicidad como sea. Porque un modo de felicidad no es la felicidad, es sólo un modo. Y el Espíritu Santo quiere hacerme conocer muchas maneras de felicidad.

Es feliz quien en medio de un problema es capaz de unirse a otro que tiene el mismo problema para encontrar juntos una salida. Es feliz quien tiene una enfermedad, y es capaz de descubrir el amor del Señor y descansar en su presencia en medio de esa enfermedad. Es feliz quien es capaz de postergar sus deseos y no pretende vivirlo todo ahora. Es feliz quien no pudo viajar a Europa, pero puede pasar una tarde soleada a la orilla de un pequeño arroyo.

Pidamos al Espíritu Santo que nos regale esa capacidad de adaptación que nos permite aceptar la forma de felicidad que es posible hoy, sin angustiamos por lo que ahora no es posible.

viernes, 20 de octubre de 2017

20 de Octubre

Dirijámonos al Espíritu Santo con las palabras del Veni Creator, un himno que la Iglesia ha rezado durante varios siglos. Unámonos espiritualmente a los hermanos de todo el mundo con estas hermosas palabras:

"Ven Espíritu Santo, Creador,
visita los corazones de los tuyos.
Llena de inmenso amor
estos pechos que creaste.
Espíritu paráclito de Dios,
altísimo don celestial,
fuente de vida, fuego, caridad,
y unción espiritual.
Ven con tus siete dones,
Dedo de la mano del Padre.
Tú, promesa del Padre,
que llenas nuestra boca de sabiduría.
Enciende tu luz en nuestros sentidos,
infunde amor en nuestros corazones,
y con tu potencia poderosa
fortalece nuestra fragilidad.
Rechaza al enemigo que nos domina
y danos la paz verdadera,
para que con tu auxilio divino
evitemos todo mal.
Haznos conocer al Padre eterno
y a Jesucristo nuestro Señor.
Y que en ti, Espíritu Santo,
podamos creer siempre.
Sea la gloria al Padre,
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y a ti, Paráclito,
por los siglos de los siglos.
Amén.
"

jueves, 19 de octubre de 2017

19 de Octubre

Cuando sentimos que nuestra vida es algo mediocre, a veces nos surge el deseo de hacer algo grande, llamativo, extraordinario. Y envidiamos a las personas que se destacan.

Pero como no nos sentimos capaces de cambiar completamente de vida o de dar grandes pasos, entonces optamos por quedarnos cómodos en nuestra mediocridad.

Sin embargo, el Espíritu Santo por lo general no quiere ninguna de las dos cosas, porque sabe que nosotros cambiamos dando pequeños pasos, llegamos poco a poco a las cosas grandes a través de cambios pequeños que se van sumando y nos van modificando lentamente.

No es o todo o nada. Es poco a poco.

Los seres humanos tenemos la tendencia permanente a clausurarnos en lo que ya hemos conseguido, y a quedarnos cómodos en la normalidad que vivimos. Por eso mismo un pequeño paso siempre es en realidad algo inmenso. Podríamos decir que el Espíritu Santo exulta de gozo infinito cada vez que nosotros damos un pequeño paso: cada vez que nos decidimos a pedir perdón por nuestros pecados, cada vez que damos una limosna, cada vez que visitamos a alguien que nos necesita, cada vez que entramos a una iglesia sólo dos minutos a decirle algo al Señor. Todo eso que a nosotros nos parece demasiado simple o que no vale mucho, sí que vale. No será todo lo que se puede hacer, pero en este momento es todo, porque es lo que puedo hacer.

Dejemos que el Espíritu Santo nos impulse a dar esos pequeños pasos, y no nos resistamos pensando que son pequeños o inútiles.

miércoles, 18 de octubre de 2017

18 de Octubre

"Ven Espíritu Santo, porque todavía llevo algunos sueños dentro de mí, algunos proyectos escondidos, algunos deseos interiores. Son esas inquietudes que me mantienen vivo y despierto. Ven Señor, para que no se apaguen esos sueños, y para que nazcan otros proyectos nuevos, más bellos todavía.
Porque dentro de mí está siempre clamando ese llamado a crecer que tú has colocado en mi corazón. Y yo sé que si no crezco me debilito, que el agua estancada se echa a perder.
Por eso, ven Espíritu Santo, no permitas que me detenga, que me encierre, que me limite. Estoy llamado a más, y quiero ir por más.
Inúndame con ese empuje divino de tu gracia, para que avance decidido hacia nuevos horizontes. Con serenidad, con mucha paz, sin obsesiones, pero también con un incontenible entusiasmo.
Ven Señor de la vida, ven.
Amén.
"

martes, 17 de octubre de 2017

17 de Octubre

Dar la vida por Jesús no es una cosa de personas tristes, amargadas o resignadas. Es un gozo que no se puede imaginar, porque sólo lo entiende el que es tocado por el Espíritu Santo y llamado a la entrega total. Hoy recordamos a Ignacio de Antioquía, y en él descubrimos de qué manera nos fortalece el Espíritu Santo. Porque él no sólo nos da fuerza; también nos da gozo y pasión.

San Ignacio fue asesinado por su fe en el año 107. Cuando era llevado por los soldados, a ellos les llamaba la atención ver su rostro sereno y alegre. Ignacio explicó lo que sentía, en una de sus cartas: "Hay dentro de mí un manantial que clama y grita: '¡Ven al Padre!'".

La atracción de esa fuente definitiva de vida y de plenitud que es el Padre amado, compensaba infinitamente cualquier sacrificio, justificaba cualquier renuncia y merecía una entrega definitiva. El Espíritu Santo es el que coloca en nuestros corazones esa dulce atracción. Vale la pena recordar algunas frases de las preciosas cartas de Ignacio, donde se manifiesta su apasionado e inquebrantable amor:

"Déjenme que sea pasto para las fieras, por las que podré alcanzar al Señor. Soy trigo de Dios, y quiero ser molido por esos dientes, para convertirme en un limpio pan de Cristo."

Es admirable este misterioso poder de la gracia, que despliega toda su belleza en quienes no oponen resistencia a su acción. La deslumbrante libertad de San Ignacio de Antioquía, capaz de entregarse feliz y extasiado, nos invita a relativizar nuestros sufrimientos y a desterrar tanta tristeza inútil, tantos lamentos innecesarios, tantas quejas infecundas. Nosotros no podemos buscar el martirio, porque es un regalo; pero podemos pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a vivir esa entrega total, viviendo con alegría y profunda fe en medio de los sufrimientos y preocupaciones que nos toque vivir cada día, para dar la vida gota a gota.

lunes, 16 de octubre de 2017

16 de Octubre

"Espíritu Santo, tú eres el Amor. Y yo, que soy una pequeña creatura, llevo en mí una inmensa capacidad de ternura y de encuentro. Sin embargo, todavía no he aprendido qué es el verdadero amor.
Mi corazón es débil y necesitado. Muchas veces deseo un abrazo afectuoso, anhelo una amistad buena y profunda, y mi interior necesita experiencias de amor que me hagan sentir vivo.
Buscando amor, muchas veces me equivoco, y le pido a los seres humanos lo que no pueden darme.
Por eso te ruego, Espíritu Santo: ayúdame a valorar el amor y la amistad que me ofreces, enséñame a ver que en tu presencia está todo el amor que necesito, e infinitamente más. Que tu amor es desbordante y lleno de ternura, que tu amor es fuerte pero íntimamente cercano, que tu amor es la respuesta verdadera para mi corazón necesitado.
Ven Espíritu Santo, pasa por mi interior sediento, y sana mis insatisfacciones más profundas. Calma mi sed con tu agua de vida. 
Amén."

domingo, 15 de octubre de 2017

15 de Octubre

La magnanimidad es una hermosa virtud, que nos lleva a desear cosas grandes, a gastar nuestra vida para regalarle algo grande a este mundo. Porque ser humildes no quiere decir que escondamos nuestras capacidades o que enterremos nuestros talentos. El Espíritu Santo no se goza en nuestra destrucción ni espera que renunciemos a nuestros sueños. Al contrario, él nos lanza a la aventura de vivir cosas grandes.

Eso está claro en la vida de Santa Teresa de Ávila, que hoy recordamos. Ella desde pequeña soñaba con hacer cosas grandes por Cristo. Pero en esa época, hace quinientos años, las mujeres no podían destacarse en la sociedad ni en la Iglesia.

A ella la estimulaba mucho la lectura de las vidas de santos y de los libros de caballería. Por eso un día, siendo niña, quiso escapar con su hermano con el deseo de dar la vida por Cristo en tierras paganas.

En 1535 entró al convento de la Encarnación en Ávila. Pero se puede decir que sólo veinte años después ocurrió su gran conversión, la acción más poderosa del Espíritu Santo. Al poco tiempo sintió el llamado de Dios a reformar la vida de los conventos carmelitas, devolviéndoles su espíritu de austeridad y fervor evangélico, donde no debería faltar la alegría. A esta reforma se le unió San Juan de la Cruz. Ambos sufrieron burlas y persecuciones, pero nada podía frenar a esta mujer decidida y segura. A su intensa actividad unió una altísima experiencia mística que quedó plasmada en sus escritos espirituales, por los cuales se la declaró doctora de la Iglesia. Fundó muchos conventos reformados, lo cual le significó numerosos viajes que deterioraron su salud. A causa de esos viajes la llamaban despectivamente "mujer inquieta y andariega".

Pero a pesar de las persecuciones que soportó de parte de las mismas autoridades de la Iglesia, expiró diciendo: "Muero hija de la Iglesia". Porque el Espíritu Santo, que nos invita a vivir cosas grandes, nos lleva también a vivirlas en humildad y en fraternidad, nunca en la vanidad y la división.

Teresa es un hermoso estímulo que nos invita a dejarnos llevar por el Espíritu Santo sin cobardías ni mezquindades, sabiendo que, unidos al Señor, y más allá de lo que nosotros podamos ver, nuestra vida dará mucho fruto.