Me pregunto si de verdad estoy permitiendo que el Espíritu Santo me lleve por un camino de santificación, si realmente he aceptado que la santidad también es para mí, y si he podido descubrir el tipo de santo que el Espíritu Santo quiere hacer de mí. Porque él no destruye mi personalidad, sólo quiere perfeccionarla y liberarla de sus oscuridades. No quiere que yo sea como San Francisco si eso no es lo que me va a hacer feliz. Él ama mi felicidad, y me dará la santidad que me permita ser plenamente feliz, liberado de mis tristezas, miedos, amarguras e insatisfacciones. Pero para eso necesita llegar al fondo, al corazón, y lograr que mis intenciones más profundas sean claras, generosas, sanas y liberadoras.
Por eso, me hago íntimamente las siguientes preguntas, pidiendo la luz del Espíritu:
¿Para qué me levanté esta mañana: para sobrevivir, para cumplir, para alcanzar placeres, para obtener éxito o fama, para ser bien visto, para demostrar quién soy, o para la gloria de Dios y la felicidad de los demás?
¿Cuáles son las segundas intenciones o las intenciones ocultas, no tan santas, que suelen moverme a decir ciertas cosas, a tomar ciertas decisiones, a hacer algunas cosas?
¿Cómo cambiaría mi vida si las verdaderas intenciones de mi corazón fueran siempre buscar la gloria de Dios y el bien de los demás?
📚 Autor: Mons. Víctor Manuel Fernández. ® Editorial Claretiana.
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Oración inspirada en la reflexión de Los Cinco Minutos del Espíritu Santo del 3 de abril
“Espíritu Santo, guía de mi vida, quiero dejarme moldear por tu amor. Ayúdame a comprender que la santidad no es algo lejano ni imposible, sino el camino para vivir plenamente en tu gracia.
Llega hasta lo más profundo de mi corazón, purifica mis intenciones y hazme descubrir el tipo de santo que quieres que sea. No permitas que me conforme con una vida sin sentido ni que busque sólo mi propio beneficio.
Enséñame a vivir cada día para la gloria de Dios y el bien de los demás, con un corazón libre, generoso y lleno de tu luz.
Ven, Espíritu Santo, y transfórmame con tu amor.
Amén.”